Ciencia

Melena de león: qué dice la ciencia (y qué todavía no dice)

Promesas grandes sobre memoria y neuronas. La ciencia real es bastante más prudente. Esa distancia entre lo que se promete y lo que de verdad se sabe es justo de lo que queremos hablar acá.

Si buscás “melena de león” en internet, en treinta segundos te vas a topar con que sirve para la memoria, para el foco, para “regenerar neuronas”. Promesas grandes, redondas, dichas con una seguridad que da gusto. El problema es que la ciencia real, la que se hace en laboratorios y se publica en revistas, es bastante más prudente. Y esa distancia entre lo que se promete y lo que de verdad se sabe es justo de lo que queremos hablar acá.

Empecemos por lo bueno, porque lo hay.

De dónde sale tanta expectativa

La melena de león tiene unos compuestos de nombre raro, las hericenonas y las erinacinas, que llamaron la atención de los investigadores por una razón concreta. En estudios de laboratorio, esos compuestos estimulan el factor de crecimiento nervioso, una proteína que ayuda a que las neuronas crezcan, se mantengan y se conecten entre sí. En placas de cultivo y en ratones, eso se traduce en neuronas que crecen mejor.

Visto así, se entiende el entusiasmo: un hongo que parece tener algo que ver con cómo se sostienen las neuronas es, como mínimo, fascinante.

Pero ahí aparece la primera trampa. “En células y en ratones” no es lo mismo que “en vos”.

Qué pasa cuando lo toma una persona

La pregunta honesta es qué ocurre cuando un ser humano de carne y hueso toma melena de león. Y la respuesta, hoy, es incómoda: sabemos poco, y lo poco que sabemos es modesto.

El estudio que todo el mundo cita es japonés, de 2009. Tomó adultos con un deterioro cognitivo leve y, durante 16 semanas, a un grupo le dio melena de león y a otro un placebo. El grupo del hongo mejoró un poco en las pruebas. Suena bien… hasta que leés dos detalles. El primero: eran 30 personas. Treinta. El segundo, más importante: cuando dejaron de tomarlo, la mejora se fue. A las pocas semanas habían vuelto, más o menos, a donde habían arrancado.

¿Y en gente sana, sin ningún problema cognitivo? Ahí la cosa es todavía más tibia. Un estudio de 2023 con adultos jóvenes encontró que reaccionaban apenas un poco más rápido en una prueba de atención al rato de tomarlo, pero el efecto sobre el estrés ni siquiera llegó a ser estadísticamente sólido. Y hay otros estudios que, directamente, no encontraron nada.

Entonces, ¿es humo o es magia?

Ni una cosa ni la otra.

Lo más honesto que se puede decir hoy de la melena de león es que es un área genuinamente interesante y genuinamente temprana. Hay un mecanismo atractivo en el laboratorio y un puñado de estudios humanos pequeños, cortos y de resultados mezclados. Esa brecha entre lo que se ve en una placa de Petri y lo que se confirma en personas no es una estafa: es, simplemente, cómo avanza la ciencia. Despacio, con estudios chicos primero, y con un montón de pasos todavía por dar.

Lo que falta es lo de siempre y lo más caro de hacer: estudios grandes, largos, en distintos tipos de personas, que repitan (o que no repitan) lo que insinúan los primeros. Hasta que eso pase, cualquiera que te hable de la melena de león con certezas absolutas te está ofreciendo algo que la ciencia todavía no tiene para dar.

La melena de león no necesita que le inventemos superpoderes para valer la pena: es un hongo delicioso, se cultiva de una forma increíblemente sustentable y carga una historia larga de uso. Lo demás, lo de las neuronas, es una historia que la ciencia recién está empezando a escribir. Cuando haya capítulos nuevos, los vas a leer acá.


Si te dio curiosidad probarla: hacemos un extracto doble de melena de león, artesanal y en lotes chicos. Podés conocerlo acá.


De dónde sacamos esto:


Este contenido es informativo y educativo. No es consejo médico ni describe propiedades de ningún producto. Ante cualquier duda sobre tu salud, consultá a un profesional.